La OCDE y Sistema B exponen en AmCham Chile cómo verificar la gestión social de las empresas
26 Agosto 2026
Autor: AmCham Chile
Ante el Comité de Sostenibilidad, la OCDE advirtió que los marcos de reporte vigentes registran actividades y no alcanzan a mostrar qué cambia en la vida de las personas. Sistema B Chile expuso el estándar con que se verifica que una empresa está gestionando esos impactos.
Una empresa puede describir con detalle lo que hace por sus trabajadores y por las comunidades donde opera. Demostrar qué cambió en la vida de esas personas es un ejercicio distinto, y ahí la dimensión social de la sostenibilidad, la "S" de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza, llega con menos herramientas que la agenda ambiental.
El Comité de Sostenibilidad de AmCham Chile llevó a cabo el conversatorio "El futuro de la dimensión social en sostenibilidad: impacto, bienestar y marcos globales" para revisar qué instrumentos hay disponibles hoy. La sesión se ordenó en dos tiempos. Primero el marco internacional, a cargo de Romina Boarini, directora del centro de la OCDE dedicado al bienestar y la igualdad de oportunidades, conocido por su sigla en inglés WISE, que expuso conectada de manera remota. Después su traducción local, con Zdenka Astudillo, directora ejecutiva de Sistema B Chile, la organización que representa en el país a B Lab, entidad global que administra la certificación de empresas B.
José Antonio Alonso, co-chair del Comité de Sustentabilidad de AmCham Chile y Legal Director & Corporate Affairs de Cervecería AB InBev Chile, abrió el encuentro describiendo la exigencia que hoy recae sobre las compañías. "Hoy las empresas enfrentan expectativas crecientes de legitimidad social y confianza institucional, junto a desafíos concretos de salud mental y bienestar laboral, brechas territoriales y de desigualdad, y una presión creciente desde los mercados y los reguladores para demostrar impacto", señaló. La sesión, explicó, buscaba poner en contacto dos referencias que rara vez se cruzan: el marco de bienestar de la OCDE y el estándar B Lab, que evalúa desde la gobernanza hasta el trabajo justo.
Boarini presentó el marco que la OCDE viene construyendo hace más de cinco décadas y que hoy usan gobiernos, el chileno entre ellos, además de Naciones Unidas. Mide las condiciones materiales de vida y también aquellas que no se expresan en dinero, como la salud mental o las relaciones sociales.
Su diagnóstico se concentró en los sistemas de información con que las empresas trabajan. Distintos actores levantaron sus herramientas de reporte por separado, cada uno respondiendo a una necesidad propia y con poca coordinación entre sectores y países. El resultado es un entorno difícil de navegar, tanto para las compañías como para los inversionistas. Cuando el marco se vuelve demasiado complejo, advirtió la expositora, las empresas terminan reportando por cumplimiento en lugar de usar la medición como ejercicio estratégico: un costo alto que no genera valor.
La crítica de fondo del organismo es más incómoda. Los indicadores disponibles se quedan en las actividades que la empresa ejecuta y no alcanzan a registrar los resultados en la vida de las personas. Para cerrar esa distancia, la OCDE promueve instrumentos estandarizados y el criterio de doble materialidad, que exige divulgar tanto lo que resulta financieramente relevante para la empresa como lo que es relevante para la sociedad. En esa línea liberó una encuesta de bienestar de empleados como herramienta pública, con la que cualquier compañía puede medir riesgos en sus condiciones laborales y compararse con otras de su sector.
Astudillo bajó la discusión al plano de la gestión diaria. "La sostenibilidad se juega en el día a día, en la cotidianidad de cada una de las acciones que nosotros estamos desarrollando. Cada decisión empresarial toca de alguna u otra forma a las personas", planteó. Ordenó su exposición en torno a tres preguntas de diagnóstico: quién participa de las decisiones de la empresa, qué calidad de empleo se está ofreciendo y si se están midiendo los riesgos que enfrentan las personas vinculadas a la operación. Esas respuestas se construyen lejos de la gerencia de sostenibilidad, dijo, en abastecimiento, en finanzas y en el directorio.
La certificación B, que B Lab otorga a las compañías que acreditan estándares de gobernanza, trabajo justo, derechos humanos y desempeño ambiental, fue el punto donde precisó qué comprueba efectivamente un instrumento de este tipo. "La certificación y los estándares, y todo por lo cual las empresas se miden, no reconocen una buena intención, sino más bien verifican una forma de operar", planteó. También advirtió que la mayor exposición de una compañía suele quedar fuera de sus propias instalaciones. "Muchas veces los riesgos más relevantes están fuera de la operación: están en la cadena de valor, están en los contratistas, incluso están en las comunidades".
Su exposición terminó donde, a su juicio, se define si la agenda social sobrevive a los cambios de ciclo. "Lo social se vuelve durable cuando llega al directorio. Si no, esto es solo buenas intenciones", afirmó.
Esa idea la recogió Alonso en la ronda de preguntas que cerró la sesión, con una lectura en clave de negocio. "Qué importante escuchar que el bienestar de las personas, tanto dentro de la empresa como fuera de la empresa, genera lealtad, genera rentabilidad, genera competitividad, genera productividad. Y eso es algo que, si uno junta esas palabras, es prácticamente lo que un directorio está buscando", señaló.
El co-chair del Comité agregó una observación sobre el punto de llegada de esa agenda en Chile: los directorios locales siguen concentrando perfiles financieros y operacionales, aunque esa matriz ha empezado a diversificarse, un movimiento que, según dijo, la evidencia respalda. El Comité de Sustentabilidad de AmCham Chile mantiene esta materia entre sus líneas de trabajo con las empresas socias, con el foco puesto en llevar los estándares internacionales a prácticas verificables de gestión.