La ventaja está en cómo se usa: AmCham Chile examina el aporte de la inteligencia artificial a la sostenibilidad
03 Noviembre 2026
Autor: AmCham Chile
Macarena McKay, de la Asociación de Ética Empresarial y Organizacional de Chile, planteó que la diferencia está en las decisiones que toman las empresas al incorporar la tecnología, mientras Arauco y Coca-Cola Andina presentaron sus resultados en prevención de incendios, biodiversidad y venta digital.
La Cámara Chilena Norteamericana de Comercio, AmCham Chile, a través de su Comité de Sostenibilidad, realizó el conversatorio “Sostenibilidad e inteligencia artificial: oportunidades, riesgos y decisiones responsables”. Expusieron Macarena McKay, directora de la Asociación de Ética Empresarial y Organizacional de Chile; Nicolás Jobet, gerente de Personas y Comunicaciones de Arauco, y Alejandro Palma, gerente corporativo de Route to Market Digital de Coca-Cola Andina. La conversación con los socios fue moderada por Pablo Vidal, co-chair del Comité.
La bienvenida estuvo a cargo de Javier Dib, director de AmCham Chile, Chair del Comité de Sostenibilidad y CEO de AES Andes, quien situó la inteligencia artificial en la agenda de los directorios. “La pregunta ya no es si la vamos a adoptar, porque la gran mayoría de las empresas ya lo está haciendo”, afirmó. Dib planteó que la tecnología tiene una doble cara para la sostenibilidad: es una herramienta poderosa para usar mejor los recursos y medir con más precisión, y trae riesgos que deben gestionarse con el mismo rigor que cualquier otro riesgo del negocio. Sumó, además, un riesgo menos visible. “Desde el sector energético lo vemos de cerca: la IA demanda cada vez más energía, y que esa energía sea limpia también es parte de la ecuación”, señaló.
McKay abrió las exposiciones con una cifra que resume el momento. Según la Guía para la adopción efectiva y responsable de la IA en el Trabajo, publicada por Buk en 2026, el 80% de las grandes empresas chilenas ya usa inteligencia artificial, pero solo el 3,6% ha logrado escalarla con retornos medibles. Para la directora, buena parte de la conversación se ha concentrado en qué modelo, qué herramienta o qué proceso automatizar, opciones que tienden a igualarse entre empresas. La ventaja, sostuvo, está en cómo se usa la tecnología: qué se delega, cómo se analizan las consecuencias y quién responde por los resultados. En esa línea, distinguió entre el cumplimiento normativo, que fija el estándar mínimo para operar, y la ética, que orienta conductas coherentes con los valores de cada organización. Su presentación dejó abierta una pregunta para los gerentes de sostenibilidad: si su papel se limita a gestionar los impactos de la inteligencia artificial o si deben participar en las decisiones sobre cómo crear valor con ella.
Las dos experiencias empresariales mostraron esa discusión en la práctica. En Arauco, la inteligencia artificial se aplica al cuidado del patrimonio forestal. Su proyecto Calidad de Cosecha, reconocido con el Premio Nacional de IA Chile PotencIA 2026, usa drones con visión computacional para cuantificar la madera que queda en terreno tras las faenas, lo que redujo la pérdida de 3% a 1% y disminuyó el material combustible que favorece la propagación del fuego. La compañía usa además satélites, cámaras trampa y modelos de clasificación de imágenes para seguir especies amenazadas como el huemul y el huillín, en alianza con CONAF, y publica en su plataforma Lemu Atlas datos abiertos sobre la biodiversidad de más de 91.500 hectáreas.
El caso más desarrollado fue el de los incendios forestales. La empresa opera 161 cámaras con visión computacional, emite alertas por comuna según el pronóstico meteorológico y levantó junto a las comunidades 6.914 riesgos en la última temporada. En el área que protege, los siniestros bajaron de 1.807 en la temporada 2019-2020 a 547 en la de 2025-2026. Arauco atribuye ese resultado al sistema completo, con brigadas y comunidades, y subraya que en su Central de Incendios las decisiones las toman personas.
En Coca-Cola Andina, la inteligencia artificial apunta a sostener el crecimiento del canal tradicional, los almacenes y pequeños comercios que concentran más del 70% de sus ventas. La compañía pasó de 9% a 84% de venta digital entre 2023 y 2026, mientras la satisfacción de sus clientes, medida por el indicador NPS, subió de 35 a más de 60 puntos. Sobre esa base incorporó herramientas como un pedido sugerido por aprendizaje automático, que el comerciante acepta o ajusta, y Nina, una asistente de inteligencia artificial generativa disponible en la aplicación, la web y WhatsApp.
El efecto también alcanza a los equipos. Según la presentación de la empresa, los vendedores que antes dedicaban cerca del 80% de su visita a tomar pedidos hoy destinan una proporción similar a desarrollar el mercado junto a sus clientes. Entre los aprendizajes con que Palma cerró su exposición destaca uno de secuencia: primero se construye la base digital y después se incorpora la inteligencia artificial, porque sin clientes conectados la tecnología no tiene datos ni dónde actuar.
Tras las presentaciones, Vidal abrió una conversación con los socios para contrastar las experiencias. Sobre la inteligencia artificial, planteó: “Incorporarla con propósito implica mirar sus riesgos con responsabilidad y, al mismo tiempo, preguntarnos cómo puede contribuir positivamente a trabajadores, clientes, comunidades y al medioambiente”. Para AmCham Chile, la discusión confirma que la adopción responsable de la inteligencia artificial pasa por el liderazgo de las empresas. “La ética, bien entendida, es lo que permite que la innovación genere confianza y valor sostenible en el tiempo”, había planteado Dib en la apertura.