La carrera tecnológica que Chile puede ganar
29 Septiembre 2026
Autor: AmCham Chile
Columna de opinión de Nicolás Goldstein, presidente de AmCham Chile.
Las últimas semanas dejaron una paradoja.
Los líderes de las principales compañías de inteligencia artificial han pedido desacelerar el desarrollo de los modelos más avanzados, para entender mejor sus riesgos.
Es una discusión seria y necesaria, que ocurre en la frontera tecnológica.
El desafío de Chile está en otro lugar: acelerar la adopción responsable de las herramientas que ya existen.
Difícilmente seremos el país que desarrolle los grandes modelos de esta nueva etapa, pero sí podemos usarlos antes y mejor, convertirlos en productividad y, a partir de ellos, construir una industria del conocimiento local.
Los números muestran la oportunidad.
En el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, de Cenia y Cepal, Chile lidera entre 19 países con 70,5 puntos.
Sin embargo, obtiene 39,3 puntos y se ubica en el lugar 12 en el indicador de “industria”, resultado que Cenia identifica como una señal crítica de rezago en la adopción tecnológica del sector productivo.
Tenemos instituciones y talento; el desafío es convertir esas ventajas en mayor uso de inteligencia artificial, productividad y una sólida industria del conocimiento que genere empleos.
El crédito tributario para fomentar la exportación de servicios de la nueva Ley de Reconstrucción Nacional permitirá imputar al Impuesto de Primera Categoría el 15% de las remuneraciones asociadas a servicios exportados, con un tope de 75 UTM por trabajador al año.
Es un excelente primer paso: reconoce que el talento es el principal activo de esta industria y que el sistema tributario puede incentivar su desarrollo.
Pero limitarlo a la exportación le quita tracción a una oportunidad mayor.
Antes de exportar conocimiento, debemos desarrollar en Chile las capacidades que permitan generarlo.
Minería, banca, retail, salmonicultura, industria forestal y energía ofrecen problemas sofisticados y escala suficiente para desarrollar y probar soluciones tecnológicas.
Una adopción temprana en estos sectores puede elevar la productividad, generar empleo calificado y, posteriormente, transformar ese conocimiento en servicios exportables.
No se trata de subsidiar la compra de inteligencia artificial.
Se trata de hacer atractivo desarrollar aquí el conocimiento necesario para incorporarla a los procesos productivos y convertir esa experiencia en una nueva ventaja competitiva.
El escenario laboral refuerza la urgencia.
El desempleo alcanza 9,5%, pero entre los jóvenes de 15 a 24 años afecta a casi uno de cada cuatro.
Al mismo tiempo, la transformación tecnológica está creando nuevas demandas de talento que Chile debe estar en condiciones de aprovechar.
Por eso proponemos un marco de adopción tecnológica temprana con tres pilares.
Primero, ampliar el acceso al incentivo para que también puedan beneficiarse las empresas que desarrollan servicios de conocimiento para clientes locales, generando capacidades y empleos calificados en el país.
Segundo, rediseñar la capacitación para formar y reconvertir el talento que esta nueva industria requiere.
Y tercero, establecer una tramitación más ágil y predecible para proyectos de infraestructura y servicios tecnológicos, manteniendo los estándares regulatorios.
La región ya ofrece incentivos.
Uruguay reformó en 2018 su régimen tributario para software y servicios asociados, mientras Argentina mantiene un Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento con créditos fiscales vinculados al empleo.
El punto no es copiar modelos, sino reconocer que los países compiten por talento e inversión.
Si el beneficio se limita exclusivamente a la exportación, podemos perder la oportunidad de generar primero productividad en Chile.
La estrechez fiscal obliga a que cualquier incentivo sea exigente.
Los beneficios deben evitar la discrecionalidad, exigir empleo y capacidades adicionales en Chile, tener objetivos medibles, publicar resultados y evaluarse periódicamente.
Si no cumplen sus objetivos, deben corregirse o terminar.
No se trata de proteger una industria, sino de crear condiciones para que nazca, compita y exporte.
Chile conoce el efecto de adelantarse.
En 1994, el multicarrier abrió la larga distancia a la competencia; en 2012, la portabilidad numérica fortaleció la competencia en telefonía; y en 2023, la Ley Fintec creó un marco para el desarrollo de nuevos servicios financieros.
No inventamos esas tecnologías: creamos condiciones para acelerar su adopción.
Chile ya tiene una ventaja institucional.
Lo que falta es llevarla al sector productivo.
La próxima carrera tecnológica que podemos ganar no es la de crear la inteligencia artificial, sino la de adoptarla temprano y convertirla en productividad, talento, empleos de calidad y una nueva industria del conocimiento.