{"id":3863,"date":"2007-09-01T01:00:00","date_gmt":"2007-09-01T04:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2015-01-28T18:34:09","modified_gmt":"2015-01-28T21:34:09","slug":"las-asociaciones-sindicales-de-chile","status":"publish","type":"news","link":"https:\/\/amchamchile.cl\/en\/noticia\/las-asociaciones-sindicales-de-chile\/","title":{"rendered":"<!--:es-->Las Asociaciones Sindicales de Chile<!--:--><!--:en-->Chile\u2019s Trade Unions<!--:-->"},"content":{"rendered":"<p><!--:es--><br \/>\n<!--break--><br \/>\nSi la cobertura de prensa fuera una medida del \u00e9xito, las asociaciones sindicales de Chile estar\u00edan con una buena racha. En los \u00faltimos meses, a trav\u00e9s de distintas huelgas y conflictos, han logrado un nivel de importancia en la prensa local que va m\u00e1s all\u00e1 del tama\u00f1o de un movimiento que -de hecho- es bastante peque\u00f1o.<\/p>\n<p>Y luego, el 29 de agosto, colocaron a Chile en los titulares internacionales cuando la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), una de las tres confederaciones sindicales del pa\u00eds a nivel nacional, organiz\u00f3 lo que denomin\u00f3 un d\u00eda nacional de protesta en contra de la opresi\u00f3n de los trabajadores del pa\u00eds. Ese d\u00eda, la protesta fue mayor en t\u00e9rminos de violencia que en el respaldo de los trabajadores oprimidos.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 pasando? \u00bfEl movimiento sindical de Chile se est\u00e1 volviendo m\u00e1s activo y, posiblemente, m\u00e1s agresivo? \u00bfQui\u00e9nes son exactamente los sindicatos del pa\u00eds y, de manera m\u00e1s importante, qu\u00e9 es lo que quieren? <\/p>\n<p>Un aumento de las demandas laborales no es nada extraordinario cuando la tasa de desempleo est\u00e1 bajando, como ha sucedido recientemente en Chile. Y si bien los salarios est\u00e1n subiendo -seg\u00fan el Instituto Nacional de Estad\u00edsticas, se incrementaron en un 5,1% durante los primeros siete meses del a\u00f1o- su poder adquisitivo se est\u00e1 viendo erosionado por las alzas en los precios de los alimentos, en particular del pan y la leche, y de los combustibles.<\/p>\n<p>Sin embargo, seg\u00fan algunos l\u00edderes sindicales, tras sus demandas hay m\u00e1s que una econom\u00eda pujante. En la d\u00e9cada de los 90, se\u00f1alan, los trabajadores pospusieron sus demandas, dando prioridad a la estabilidad de la reci\u00e9n reinstaurada democracia en Chile, pero ahora -especialmente en momentos en que los altos precios de los bienes b\u00e1sicos que exporta el pa\u00eds est\u00e1n incrementando el ingreso fiscal y las ganancias de las empresas- no ven una raz\u00f3n para autocensurarse. <\/p>\n<p>\u201cLas demandas que est\u00e1n surgiendo ahora han existido desde hace mucho tiempo\u201d, comenta Diego Olivares, presidente de la Uni\u00f3n Nacional de Trabajadores (UNT), una confederaci\u00f3n nacional. \u201cLas cosas parec\u00edan calmadas antes, pero las demandas se estaban incubando\u201d.<\/p>\n<p>Karla Varas, profesora de la Escuela de Formaci\u00f3n Sindical administrada por estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile, tambi\u00e9n indica que ha habido un cambio de actitud. \u201cLos trabajadores que asisten ahora a nuestros cursos son m\u00e1s j\u00f3venes, est\u00e1n m\u00e1s motivados y m\u00e1s convencidos de que, organiz\u00e1ndose, pueden lograr un cambio\u201d, sostiene.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Varas, las protestas que el a\u00f1o pasado protagonizaron los estudiantes secundarios del pa\u00eds en demanda de una educaci\u00f3n estatal de mejor calidad tuvieron un efecto importante en sus padres. \u201cSus hijos les preguntan qu\u00e9 est\u00e1n haciendo por el futuro del pa\u00eds\u201d, comenta.<\/p>\n<p>Las promesas electorales de la Presidenta Michelle Bachelet tambi\u00e9n contribuyeron a aumentar las expectativas. Bachelet afirm\u00f3 que garantizar\u00eda que todos los chilenos compartieran la creciente prosperidad del pa\u00eds y que su gobierno ofrecer\u00eda m\u00e1s oportunidades de participaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, m\u00e1s all\u00e1 de estas promesas generales, lo que sin duda ha tenido el mayor impacto es la nueva ley de subcontrataci\u00f3n que entr\u00f3 en vigencia en enero. Dise\u00f1ada para regular una industria que se ha desarrollado en tierra de nadie, llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre malas pr\u00e1cticas en el sector adem\u00e1s de dar esperanzas que nunca tuvo la intenci\u00f3n de satisfacer.   <\/p>\n<p><b><font size=\"2\">Participaci\u00f3n Sindical<\/b><\/font> <\/p>\n<p>El a\u00f1o pasado, seg\u00fan la Direcci\u00f3n del Trabajo del gobierno, los miembros de sindicatos correspondieron al 13,8% de los trabajadores empleados en Chile. Eso coloca al pa\u00eds sudamericano por delante de Estados Unidos con un 12,0%, aunque mucho m\u00e1s atr\u00e1s del 28,4% observado en Reino Unido. <\/p>\n<p>Comparar las tasas de sindicalizaci\u00f3n en Am\u00e9rica Latina es dif\u00edcil, porque las estad\u00edsticas a menudo son poco confiables y los m\u00e9todos var\u00edan, se\u00f1ala Eduardo Rodr\u00edguez de la oficina en Santiago de la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, est\u00e1 claro que, en Chile, la participaci\u00f3n sindical es mucho menor que, por ejemplo, en Argentina y Rodr\u00edguez estima que Chile se ubica en la mitad inferior de la escala regional.  <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se dice a menudo que la participaci\u00f3n sindical en Chile est\u00e1 dormida como, en efecto, est\u00e1 en Estados Unidos. Sin embargo, eso no es estrictamente cierto.<\/p>\n<p>La sindicalizaci\u00f3n creci\u00f3 fuertemente con el retorno de la democracia y, en 1991, alcanz\u00f3 un peak del 15,1% antes de caer gradualmente a un 10,7% en 1999. Esta disminuci\u00f3n se atribuy\u00f3 en parte a un cambio hacia empleos de m\u00e1s corto plazo as\u00ed como tambi\u00e9n a un incremento en la participaci\u00f3n laboral de las mujeres, que est\u00e1n menos dispuestas que los hombres a unirse a un sindicato. <\/p>\n<p>Desde el 2000, la sindicalizaci\u00f3n ha comenzado a aumentar nuevamente. Pero, seg\u00fan Patricia Silva, titular de la Direcci\u00f3n del Trabajo del gobierno, el alza no significa que el movimiento sindical haya ido ganando fuerza.<\/p>\n<p>La atomizaci\u00f3n ha crecido, se\u00f1ala, es decir se han creado m\u00e1s sindicatos, pero de menor tama\u00f1o. De hecho, en el 2006, hab\u00eda alrededor de 10.000 sindicatos activos en Chile con un total cercano a los 880.000 miembros, lo que da un promedio de menos de 100 miembros por agrupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No obstante, en t\u00e9rminos de la cantidad de trabajadores que se benefician de la actividad sindical, esa cifra es enga\u00f1osa, porque, cuando una empresa negocia un acuerdo salarial con un sindicato, por lo general extiende las mismas condiciones para todos sus empleados, no s\u00f3lo para los miembros del sindicato. <\/p>\n<p>\u00c9se es el caso, por ejemplo, de SINAMI, sindicato especializado en los trabajadores de la construcci\u00f3n industrial. Actualmente tiene 17.000 miembros  en sus registros, pero el a\u00f1o pasado negoci\u00f3 en nombre de 40.000, afirma Miguel Gonz\u00e1lez, presidente del sindicato.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, ha habido cambios en la composici\u00f3n del movimiento laboral de Chile pasando de los sindicatos de una empresa a aqu\u00e9llos que, como SINAMI, representan a trabajadores de distintas empresas. Si bien el ritmo de crecimiento de los sindicatos de una empresa se ha mantenido m\u00e1s o menos a la par de la expansi\u00f3n del empleo, los sindicatos multiempresas -aunque siguen siendo mucho m\u00e1s peque\u00f1os en t\u00e9rminos de la cantidad total de miembros- han ido creciendo m\u00e1s r\u00e1pidamente. <\/p>\n<p>Esto es sorprendente, quiz\u00e1s, dado que -en virtud de la legislaci\u00f3n chilena- las empresas no est\u00e1n obligadas a celebrar negociaciones colectivas con un sindicato multiempresa. Pero es algo que SINAMI ha estado haciendo durante los \u00faltimos 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Antes de la construcci\u00f3n de una mina o de un nuevo proyecto industrial, se sienta con el inversionista y negocia un acuerdo marco, se\u00f1ala Gonz\u00e1lez. El acuerdo -que tradicionalmente cubre temas como turnos, pago de indemnizaciones por despido y seguros de vida- se incluye posteriormente en la licitaci\u00f3n a la que se invita a participar a los contratistas, los empleadores de los miembros de SINAMI. <\/p>\n<p>Esta pr\u00e1ctica, en efecto, es bastante com\u00fan en sectores que regularmente emplean contratistas y es ventajosa para todo el mundo. \u201cLa empresa opera con menos riesgo de huelgas, los contratistas compiten en igualdad de condiciones y nuestros miembros consiguen mejores condiciones laborales\u201d, destaca Gonz\u00e1lez.   <\/p>\n<p><b><font size=\"2\">Conexiones Pol\u00edticas<\/b><\/font> <\/p>\n<p>Hay dos estrategias posibles para una asociaci\u00f3n sindical: negociaci\u00f3n o confrontaci\u00f3n, seg\u00fan Gonz\u00e1lez. Y ah\u00ed es donde el movimiento sindical de Chile no concuerda.   <\/p>\n<p>SINTRAC, un sindicato que se separ\u00f3 de SINAMI en el 2003, est\u00e1 a favor de la confrontaci\u00f3n. \u201cLa estrategia de negociaci\u00f3n de SINAMI sin movilizaci\u00f3n se da a costa de los derechos de los trabajadores y no es nuestra manera (de hacer las cosas)\u201d, declara Sergio Alegr\u00eda, presidente del sindicato.<\/p>\n<p>Pero, rebate Gonz\u00e1lez, SINAMI ha conseguido derechos para sus miembros tales como viajes en avi\u00f3n para quienes vivan a m\u00e1s de 500km de distancia del proyecto en que est\u00e1n trabajando. \u201c\u00c9sa es una mejor calidad de vida para ellos y para sus familias\u201d, destaca.<\/p>\n<p>No obstante, esa divergencia sobre la estrategia es meramente un s\u00edntoma de una fractura mucho m\u00e1s profunda en el movimiento laboral de Chile. Por una parte, hay sindicatos que se concentran en las demandas laborales \u2013salarios, condiciones de trabajo y as\u00ed sucesivamente- y, por otra, est\u00e1n aqu\u00e9llos que tienen objetivos pol\u00edticos m\u00e1s amplios y que, en algunos casos, est\u00e1n atrapados en la pol\u00edtica partidista a la que muchos culpan de fragmentar el movimiento y de socavar su legitimidad. <\/p>\n<p>En su llamado a los trabajadores para que protestaran el 29 de agosto, la CUT -que afirma representar a 680.000 trabajadores de los sectores p\u00fablico y privado- reparti\u00f3 un volante que mostraba a una vaca siendo orde\u00f1ada por las grandes empresas, Estados Unidos y Andr\u00e9s Velasco, el ministro de Hacienda de Chile. \u201cEstamos cansados de ser orde\u00f1ados para el beneficio de unos pocos; no aceptamos el feroz modelo neoliberal\u201d, proclam\u00f3 el presidente de la CUT, Arturo Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>\u201cLa CUT est\u00e1 atrapada en una posici\u00f3n ideol\u00f3gica y est\u00e1 siendo instrumentalizada por un sector pol\u00edtico\u201d, rebate Olivares de la UNT, quien se separ\u00f3 de la CUT en el 2003 y que afirma representar a 100.000 trabajadores, principalmente del sector privado. La gota que rebas\u00f3 el vaso en esa divisi\u00f3n, recuerda Olivares, fue una disputa sobre la pol\u00edtica de la CUT hacia el propuesto tratado de libre comercio de Chile con Estados Unidos. <\/p>\n<p>Olivares estaba en favor de participar en las negociaciones en una apuesta por conseguir las mejores condiciones laborales posibles. Pero Mart\u00ednez se neg\u00f3, pasando por encima de una mayor\u00eda -dice Olivares- que vot\u00f3 en favor de su posici\u00f3n.  <\/p>\n<p>Pol\u00edticamente hablando, aunque Mart\u00ednez es socialista, Olivares es dem\u00f3crata-cristiano, ahora existe un consenso generalizado en c\u00edrculos sindicales en cuanto a que la CUT est\u00e1 siendo utilizada por el Partido Comunista (PC). En un congreso celebrado el a\u00f1o pasado, el PC acord\u00f3 montar una campa\u00f1a parta fomentar la sindicalizaci\u00f3n y, espec\u00edficamente, la incorporaci\u00f3n a la CUT y se ha sugerido que su objetivo podr\u00eda ser controlar directamente a la CUT.  <\/p>\n<p>Al parecer una de las razones para el actuar del PC apuntar\u00eda a presionar al gobierno para que reforme el sistema electoral de Chile en virtud del cual cada distrito escoge dos miembros para cada c\u00e1mara. En la pr\u00e1ctica, esto obliga a los partidos pol\u00edticos del pa\u00eds a formar dos grandes coaliciones y hace virtualmente imposible que los partidos peque\u00f1os fuera de ellas, como el PC, obtengan representaci\u00f3n parlamentaria. <\/p>\n<p><b><font size=\"2\">Fortalecimiento de las Relaciones<\/b><\/font> <\/p>\n<p>Sin embargo, pese a las recientes huelgas y la atenci\u00f3n que han captado, las protestas laborales son relativamente poco frecuentes en Chile. El a\u00f1o pasado, hubo 134 huelgas, en las que participaron apenas 15.602 trabajadores de una fuerza laboral total de 6,8 millones.  <\/p>\n<p>\u201cLas relaciones laborales no son tan malas como se sugiere a veces\u201d, dice Olivares. \u201cEl problema es que s\u00f3lo los aspectos negativos salen en la prensa\u201d.  <\/p>\n<p>Esa visi\u00f3n es compartida por Miguel Gonz\u00e1lez de SINAMI. A veces los miembros del sindicato que representa son contratados para trabajar en proyectos en otros pa\u00edses latinoamericanos y regresan diciendo que los trabajadores chilenos est\u00e1n \u201cen la gloria\u201d, comenta.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, aunque la situaci\u00f3n tiende a ser menos c\u00f3moda en las empresas m\u00e1s peque\u00f1as, que tienen menos margen para absorber las demandas sindicales, muchas empresas chilenas m\u00e1s grandes afirman tener relaciones s\u00f3lidas y de beneficio mutuo con sus sindicatos. Pero, a\u00fan as\u00ed, los mitos y temores abundan en ambas partes.<\/p>\n<p>\u201cEs necesario que los trabajadores aprendan a hablar y a no quemar buses\u201d,  recomienda Patricia Silva de la Direcci\u00f3n del Trabajo. \u201cY las empresas deben reconocer como leg\u00edtimos a los sindicatos\u201d.<\/p>\n<p>Negociaciones colectivas m\u00e1s amplias ayudar\u00edan, insta Eduardo Rodr\u00edguez de la OIT. Seg\u00fan la Direcci\u00f3n del Trabajo, 195.000 trabajadores chilenos negociaron de manera colectiva el a\u00f1o pasado, lo que se compara con los 178.000 del 2005, pero esa cifra a\u00fan representa menos del 3% de la fuerza laboral. <\/p>\n<p>La negociaci\u00f3n colectiva no s\u00f3lo promueve la colaboraci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n conduce a la productividad y la competitividad, argumenta Rodr\u00edguez. Pero eso genera la pregunta de si Chile, a medida que intenta tener \u00e9xito en mercados mundiales cada vez m\u00e1s competitivos, tiene los sindicatos que necesita.<\/p>\n<p>Los propios sindicalistas reconocen deficiencias. El dinero es un problema, se\u00f1alan.<\/p>\n<p>Las finanzas de los sindicatos tienden a ser un libro cerrado -los sindicatos tienen que estar registrados, pero no est\u00e1n obligados a publicar sus cuentas-, pero la mayor\u00eda dice que operan con escasos recursos. Niegan aportes de partidos pol\u00edticos y afirman que dependen de las cuotas que pagan sus miembros -las que no siempre son f\u00e1ciles de recaudar- adem\u00e1s de la parte de las cuotas que deben pagar quienes no son miembros de los sindicatos, pero que se benefician de un acuerdo salarial colectivo.   <\/p>\n<p>La falta de experiencia t\u00e9cnica es otro problema. En la Escuela de Formaci\u00f3n Sindical de la Universidad de Chile, Karla Varas comenta que la preparaci\u00f3n de los trabajadores que asisten a sus cursos var\u00eda enormemente, pero que -en general- carecen de capacidades para entender los estados financieros de una empresa y, en muchos casos, tienen poco conocimiento de la legislaci\u00f3n laboral. <\/p>\n<p>Y carecen de redes, a\u00f1ade. Los sindicatos peque\u00f1os a menudo desconf\u00edan de las confederaciones nacionales, identific\u00e1ndolas como organizaciones pol\u00edticas m\u00e1s que laborales y, aunque las confederaciones industriales ayudan, los sindicatos tienden a operar aislados unos de otros. <\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, muchos trabajadores simplemente no entienden la finalidad de pertenecer a un sindicato. Despu\u00e9s de todo, \u00bfpor qu\u00e9 correr el riego y pagar cuotas cuando, de todos modos, posiblemente ver\u00e1n los beneficios de los acuerdos salariales colectivos?  <\/p>\n<p>Eso priva al movimiento laboral de una base de respaldo m\u00e1s amplia, particularmente en el sector privado, que podr\u00eda diluir su uso para fines pol\u00edticos. De modo que \u00bfnecesita Chile sindicatos m\u00e1s grandes? <\/p>\n<p>No necesariamente. Despu\u00e9s de todo, en los sindicatos como en la mayor\u00eda de las cosas, cada caso es \u00fanico. <\/p>\n<p>Pero lo que s\u00ed parece importar es que Chile se beneficiar\u00eda con m\u00e1s sindicatos que sean m\u00e1s profesionales y entiendan no s\u00f3lo las demandas de sus trabajadores, sino que tambi\u00e9n las demandas que los mercados competitivos exigen a sus empleadores. Eso, por supuesto, es primeramente un desaf\u00edo para los sindicatos, pero quiz\u00e1s tambi\u00e9n sea un \u00e1rea en la que las empresas del pa\u00eds podr\u00edan ayudar.   <\/p>\n<p><b>Ruth Bradley<\/b> es editora general de <b>bUSiness CHILE<\/b>. Adem\u00e1s es corresponsal en Santiago de The Economist.<!--:--><!--:en--><br \/>\n<!--break--><br \/>\nIf press coverage were a measure of success, Chile\u2019s trade unions would be on a winning streak. In recent months, through different stoppages and conflicts, they have achieved a prominence in the local press that goes beyond the size of a movement which is, in fact, quite small.   <\/p>\n<p>And then, on August 29, they put Chile in the international headlines when the Central Unitaria de Trabajadores (CUT), one of the country\u2019s three national union confederations, organized what it billed as a national day of protest against oppression of the country\u2019s workers. In the event, the protest was stronger on violence than support from oppressed workers.<\/p>\n<p>But what is happening? Is Chile\u2019s union movement acquiring a new bark and, possibly, bite? And who exactly are the country\u2019s unions and, most importantly, what do they want? <\/p>\n<p>A surge in labor demands is nothing out of the ordinary when unemployment is dropping, as it has done recently in Chile. And although wages are rising &#8211; according to the National Statistics Institute, they rose by 5.1% in the first seven months of the year &#8211; their purchasing power is being eroded by increases in the price of food, particularly basics like bread and milk, and fuel.<\/p>\n<p>But, according to some union leaders, there is more to their demands than just a buoyant economy. In the 1990s, they say, workers postponed their demands, giving precedence to the stability of Chile\u2019s newly-restored democracy, but now &#8211; especially with high prices for the country\u2019s export commodities plumping up fiscal revenues and company profits &#8211; they no longer see a reason for self-censorship. <\/p>\n<p>\u201cThe demands that are surfacing now have existed for a long time,\u201d says Diego Olivares, president of the Uni\u00f3n Nacional de Trabajadores (UNT), a national confederation. \u201cThings looked quiet before but demands were incubating.\u201d<\/p>\n<p>Karla Varas, a teacher at a trade union school run by law students at the University of Chile, also reports a change of attitude. \u201cThe workers attending our courses now are younger, more motivated and more convinced that, by organizing, they can achieve change,\u201d she says.<\/p>\n<p>According to Varas, last year\u2019s protests by the country\u2019s secondary schoolchildren in demand for better-quality state education had an important impact on their parents. \u201cTheir children are asking them what they\u2019re doing for the future of the country,\u201d she says.<\/p>\n<p>The election promises of President Michelle Bachelet also served to raise expectations. She would, she said, ensure that all Chileans shared in their country\u2019s increasing prosperity and that her government would offer more opportunities for participation.<\/p>\n<p>But, beyond these general promises, what has undoubtedly had most impact is a new law on job outsourcing that came into force in January. Designed to regulate an industry that developed in a legal no-man\u2019s-land, it has drawn attention to malpractices in the sector as well as buoying hopes it was never intended to satisfy.   <\/p>\n<p><b><font size=\"2\">Union membership<\/b><\/font><\/p>\n<p>Last year, according to the government\u2019s Labor Bureau, union members represented 13.8% of employed workers in Chile. That put Chile ahead of the United States with 12.0%, although way below the 28.4% seen in the UK. <\/p>\n<p>Comparing unionization rates in Latin America is difficult because statistics are often unreliable and methods of calculation vary, says Eduardo Rodr\u00edguez at the Santiago office of the International Labor Organization (ILO). However, it is clear that, in Chile, union membership is much lower than, for example, in Argentina and Rodr\u00edguez estimates that Chile is in the bottom half of the regional scale.  <\/p>\n<p>It is also often said that trade union membership in Chile is slipping as, indeed, it is in the U.S. But this is not strictly true.  <\/p>\n<p>Unionization increased sharply with the return of democracy and, in 1991, peaked at 15.1% before dropping gradually to 10.7% in 1999. This decline was attributed partly to a shift towards shorter-term work as well as to an increase in the workforce participation of women, who are less likely than men to belong to a union. <\/p>\n<p>Since 2000, unionization has again been increasing. But, according to Patricia Silva, director of the government\u2019s Labor Bureau, the increase does not mean that the union movement has been gaining strength.<\/p>\n<p>Atomization has increased, she says, with more unions being formed but of smaller size. Indeed, in 2006, there were around 10,000 active unions in Chile with a total of some 880,000 members, giving an average size of less than 100 members.<\/p>\n<p>But, in terms of the number of workers who benefit from union activity, that figure is deceptive because, when a company negotiates a wage agreement with a union, it generally extends the same terms to all its employees, not just the union\u2019s members. <\/p>\n<p>That is the case, for example, of SINAMI, a union of specialized industrial construction workers. It currently has 17,000 members on its books but, last year, negotiated on behalf of 40,000, says Miguel Gonz\u00e1lez, the union\u2019s president.<\/p>\n<p>In addition, there has been a shift in the composition of Chile\u2019s labor movement away from one-company unions to those which, like SINAMI, represent workers from a number of different companies. While the growth of one-company unions has more or less kept pace with the expansion of employment, multi-company unions &#8211; although still much smaller in terms of total membership &#8211; have been growing faster. <\/p>\n<p>This is, perhaps, surprising given that, under Chilean law, companies are not obliged to enter into collective bargaining with a multi-company union. But it is something that SINAMI has been doing for the past ten years.<\/p>\n<p>Ahead of the construction of a mine or new industrial project, it sits down with the investor and negotiates a framework agreement, says Gonz\u00e1lez. Typically covering issues such as shifts, redundancy pay and life insurance, the agreement is then included in the tender for which contractors &#8211; the employers of SINAMI\u2019s members &#8211; are invited to bid. <\/p>\n<p>This practice is, in fact, fairly common in sectors that regularly use contractors and has advantages for everyone. \u201cThe company runs less risk of stoppages, contractors compete on equal terms, and our members get better working conditions,\u201d points out Gonz\u00e1lez.   <\/p>\n<p><b><font size=\"2\">Political connections<\/b><\/font><\/p>\n<p>There are two possible strategies for a trade union &#8211; negotiation or confrontation, says Gonz\u00e1lez. And that is where Chile\u2019s trade union movement disagrees.   <\/p>\n<p>SINTRAC, a union that broke away from SINAMI in 2003, favors confrontation. \u201cSINAMI\u2019s strategy of negotiating without mobilization is at the expense of workers\u2019 rights and it\u2019s not our way,\u201d states Sergio Alegr\u00eda, the union\u2019s president.<\/p>\n<p>But, retorts Gonz\u00e1lez, SINAMI has obtained rights for its members like air travel if they live more than 500km from the project they\u2019re working on. \u201cThat\u2019s better quality of life for them and their families,\u201d he points out.<\/p>\n<p>But this divergence on strategy is merely a symptom of a far deeper fault line in Chile\u2019s labor movement. On the one hand, there are unions whose focus is on labor demands &#8211; wages, working conditions and so on &#8211; and, on the other, those that have broader political objectives and, in some cases, are caught up in the party politics that many blame for fragmenting the movement and undermining its legitimacy. <\/p>\n<p>In its call to workers to protest on August 29, the CUT &#8211; which claims to represent 680,000 workers from the public and private sectors &#8211; issued a flyer depicting a cow being milked by big business, the U.S. and Andr\u00e9s Velasco, Chile\u2019s finance minister. \u201cWe\u2019re tired of being milked for the benefit of a few; we don\u2019t accept the savage neoliberal model,\u201d proclaimed CUT president Arturo Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>\u201cThe CUT is stuck in an ideological position and is being instrumentalized by a political sector,\u201d counters Olivares at the UNT, which split off from the CUT in 2003 and claims to represent 100,000 workers, mostly from the private sector. The last straw in that split, recalls Olivares, was a dispute over the CUT\u2019s policy towards Chile\u2019s proposed free trade agreement with the United States. <\/p>\n<p>He favored participating in the negotiations in a bid to obtain the best possible labor terms. But Mart\u00ednez refused, overriding &#8211; says Olivares &#8211; a majority vote in favor of his own position.  <\/p>\n<p>Although Mart\u00ednez is a Socialist &#8211; Olivares is a Christian Democrat &#8211; there is now a widespread belief in union circles that the CUT is being used by the Communist Party (PC). At a Congress last year, the PC agreed to mount a campaign to encourage unionization and, specifically, membership of the CUT and there are suggestions that its aim may be direct control of the CUT.  <\/p>\n<p>One of the PC\u2019s reasons for this move appears to be to pressure the government to reform Chile\u2019s electoral system under which each constituency returns two members of each house. In practice, this forces the country\u2019s political parties into two broad coalitions and makes it virtually impossible for small outside parties, such as the PC, to obtain representation. <\/p>\n<p><b><font size=\"2\">Relation building<\/b><\/font><\/p>\n<p>However, despite recent stoppages and the attention they have attracted, labor disruptions are relatively infrequent in Chile. Last year, there were 134 strikes, involving just 15,602 workers out of a total labor force of 6.8 million.  <\/p>\n<p>\u201cLabor relations are not as bad as is sometimes made out,\u201d says Olivares. \u201cThe problem is that only the negative aspects get in the press.\u201d  <\/p>\n<p>That view is echoed by SINAMI\u2019s Miguel Gonz\u00e1lez. His union\u2019s members are sometimes hired for projects in other Latin American countries and come back reporting that Chilean workers are \u201cin glory\u201d, he says.<\/p>\n<p>Moreover, although the situation tends to be less comfortable in smaller businesses, with less margin to absorb union demands, many larger Chilean companies report solid and mutually beneficial relations with their unions. But, still, myths and fears abound on both sides.<\/p>\n<p>\u201cThe workers need to learn to talk, not burn buses,\u201d recommends the Labor Bureau\u2019s Patricia Silva. \u201cAnd businesses must recognize unions as legitimate.\u201d<\/p>\n<p>More widespread collective bargaining would help, urges the ILO\u2019s Eduardo Rodr\u00edguez. According to the Labor Bureau, 195,000 Chilean workers negotiated collectively last year, an increase from 178,000 in 2005 but still representing less than 3% of the labor force. <\/p>\n<p>Collective bargaining not only promotes collaboration, but is also conducive to productivity and competitiveness, argues Rodr\u00edguez. But that raises the question of whether Chile, as it seeks to succeed in ever more competitive global markets, has the unions it needs.<\/p>\n<p>Unionists themselves recognize deficiencies. Money is one problem, they say.<\/p>\n<p>Unions\u2019 finances tend to be a closed book &#8211; unions have to be registered but are not obliged to publish accounts &#8211; but most say that they operate on a shoestring. Denying contributions from political parties, they say they rely on members\u2019 dues, which are not always easy to collect, plus the portion of dues that must be paid by non-members benefiting from a collective wage agreement.   <\/p>\n<p>Lack of expertise is another problem. At the University of Chile\u2019s trade union school, Karla Varas says that the preparation of workers attending its courses varies enormously but they generally lack the skills to understand a company\u2019s financial statements and, in many cases, have little knowledge of labor legislation. <\/p>\n<p>And, she adds, they lack networks. Small unions often mistrust the national confederations, identifying them as political rather than labor organizations, and, although industry confederations help, unions tend to operate in isolation from each other. <\/p>\n<p>Moreover, many workers simply don\u2019t see the point of belonging to a union. After all, why run the risk and pay dues when, in any case, they\u2019re likely to see the benefits of collective wage agreements?  <\/p>\n<p>That deprives the labor movement of a broader base of support, particularly in the private sector, that could dilute its use for political purposes. So does Chile need larger unions? <\/p>\n<p>Not necessarily. After all, in unions as in so much else, one size doesn\u2019t fit all. <\/p>\n<p>But what it does appear to mean is that Chile would benefit from unions that are more professional and understand not only the demands of their workers but also the demands placed on their employers by competitive markets. That is, of course, primarily a challenge for the unions themselves but it is also, perhaps, an area in which the country\u2019s businesses could help.   <\/p>\n<p><b>Ruth Bradley<\/b> is general editor of <b>bUSiness CHILE<\/b>. She is also the Santiago correspondent for The Economist.<!--:--><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><!--:es-->\u00bfQui\u00e9nes son, qu\u00e9 quieren y cu\u00e1l es su estrategia para conseguirlo? \u00c9sas son algunas de las preguntas que <b>bUSiness CHILE<\/b> examina en este informe sobre las asociaciones sindicales del pa\u00eds.<!--:--><!--:en-->Who are they and what do they want? And what is their strategy for obtaining it? 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